martes, 30 de septiembre de 2014

Una más por la cultura autogestionada




En el Parque Avellaneda se llevó a cabo este domingo el cierre del Festival de Cultura Autogestionada (FCA), organizado por un grupo de productores, artistas y espacios de la ciudad de Buenos Aires. Punto final del raid de encuentros, desde que se inició el domingo 21, en esta oportunidad tocaron, entre otras, las bandas: “Morbo y mambo”, “El mató a un policía motorizado”, “Violentango” y “Ensamble Chancho a Cuerda”. Estos últimos, recién llegados de Brasil, (donde estuvieron presentando su tercer disco, “Deconstrucción”), cantaron temas de su repertorio anterior. El nuevo disco está próximo a salir en Buenos Aires.

Hubo un escenario principal al aire libre y otro, más chico, techado. Fue importante la calidad y potencia del sonido por tratarse de un lugar abierto. Siempre se escuchaba bien y eso permitía la atención del público, que se acercó en gran número. Hubo también lecturas y proyecciones, una intervención de danza-teatro, y decenas de puestos de artesanos, editores independientes de libros y un stand del colectivo musical Elefante en la Habitación (EH!), al que pertenecen, entre otros, los Ensamble Chancho a Cuerda.

El viernes anterior había tenido lugar un show de cuatro bandas en el Espacio Dinamo, en el barrio de Abasto. También en el marco del FCA, allí abrieron la noche “Pablo y Tadeo”, una dupla de guitarra, teclados y voz. Continuaron Camila López, solista de guitarra clásica y El Equilibrio Cósmico, quinteto liderado por Fabio Obregón. Cerró la noche Valentín González, ex Lunes Lento.


Distintas organizaciones, como FCA o el Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA) vienen llevando a cabo diferentes actividades para modificar las condiciones que hoy tiene su trabajo. Coercionado por cientos de clausuras y un sistema burocrático en las habilitaciones de los espacios (que tardan años en ver la luz), el ambiente de la cultura autogestiva hoy necesita de acciones concretas. Quienes trabajamos en Wara Wara nos alegramos  de que los protagonistas de ese cambio sean los artistas, gestores, y productores independientes.

lunes, 22 de septiembre de 2014

De bajos y mandolinas

Nadie se animaba a subir a la terraza para dar el acorde inicial de la noche. "La cocina de Wara Wara es un buen lugar para hacer el show", dijo Rodrigo. Muchos pedían un trago y se quedaban charlando con quien encontrasen cerca de la barra. Y de fondo la discusión. Terraza sí, terraza no.

Sabrina y Julieta decidieron subir a probar cuan fría estaba la noche para hacer el show afuera. Una vez en la terraza, todos los presentes nos sentamos en mantas y almohadones que estaban dispuestos en forma circular. Sabrina sacó algunas fotos para dejar un registro de que, aunque sea, nos animamos a probar. Después, cada uno agarró algo y ayudó a llevarlo al living, donde finalmente se llevó a cabo el show.

Mientras esperábamos que se diera inicio y salieran los primeros platos de la noche, Martín Marceesi y Dolores Mazzoni nos mostraban sus instrumentos: un bajo acústico de seis cuerdas y una hermosa mandolina. Un chico que estaba entre el público pidió tocar unos acordes en el instrumento de Dolores, que se lo prestó. Él contó que tenía una banda con amigos. Mientras, Martín también ofrecía su bajo a todo el que quisiera tocar. Como era acústico, sonaba bastante despacio. Pero si nos callábamos todos, se oía muy bien.

Sentado en una silla y muy cerca del público, la sesión la abrió Rodrigo Ruiz Díaz, de Chaucoco!, en guitarra acústica. La complicidad de la gente siempre estuvo a la altura, con los silencios que se precisaban para que se desarrollara este tipo de shows acústicos. Después de Rodrigo, pasó Sebastián Mattiassi, que sorprendió con un texto de Cortazar que no estaba anunciado. Con una gran capacidad de expresión oral se fue moviendo por el living a medida que nos contaba la historia de los pescaditos que habitan en el cuerpo de las personas. Todos lo oímos atentos.  Luego tocó tres temas para dar paso a Dolores y Martín, que hicieron el set más largo, de entre seis y siete canciones entre ambos. Cuando terminaron ellos, abrieron la convocatoria al público en general. Fue en ese momento cuando Agustín Bucich, que estaba entre los espectadores, tocó dos temas. Después de un pequeño break, hubo una segunda ronda de todos los artistas, cerrando la noche Martín y Dolores.


sábado, 13 de septiembre de 2014

"Desde que noté que mis amigos me ayudaban a mover los engranajes de mi proyecto empecé a tener una concepción más colectiva de mi trabajo. El Latido en la boca es producto de eso.


Hablamos con Señorita Carolina a horas de su show en Wara Wara. Su nuevo disco El latido en la boca, la importancia de sus amigos en esta etapa de su carrera y el motivo de la creación de su nueva banda. 


"El latido en la boca era esta urgencia de decir desde lo más hondo de mí, y al mismo tiempo tenía que ver con el corazón y con el ritmo. Era como estar en un bosque y que el suelo latiera, y que ese latido  estuviera en mi boca. Algo que tenía que ver conmigo quería salir. Tal vez un decir, una palabra más sentida."

¿Podrías reconocer qué momento de tu vida se ve reflejado en El Latido en la boca?

Es complejo de sintetizar, porque a veces las canciones salen de tantas partes de una que es difícil encontrarles el por qué. Pero podría decirte que necesitaba un poco más de ritmo en la música que estaba haciendo. Por eso en este disco aparecen algunas bases electrónicas; las baterías y los bajos están un poquito más al frente. Por ahí en El Latido en la boca esté diciendo cosas que ni siquiera yo tenía ganas de escuchar sobre mí. Es un trabajo que tiene mucho barro, digamos. Tan así era, que hay un tema, que quedó afuera, que se llama Napas. Cuando cerré el disco, Napas no terminó de cuajar ni tampoco tenía mucho que ver con el resto de los temas. Además ya me parecía demasiada cargada la cuestión de lo profundo. O sea, no hacía falta hablar de napas para transmitir que estaba cantando desde lo más profundo de mí.


Esto del disco conceptual, ¿te pasó en los anteriores?

En el primero no, porque uno en general siempre tiene canciones que viene acumulando de varios años. Pero en los últimos discos te diría que sí, porque son temas que fui componiendo con lo que me pasó en los últimos años. Igual, siempre rescato alguna canción de otra época, o alguna letra. Pero en este disco no pasó.


Los primeros temas son cercanos al pop/rock y el resto varía hacia un sonido bastante experimental. También hay acordes de blues en alguna canción. Teniendo en cuenta estos elementos ¿qué idea te seducía del disco? ¿Querías transitar géneros o ritmos diferentes?

La verdad es que no lo sé. Lo que yo tenía pensado antes de grabar el disco era para qué lado iba a ir cada tema. Y tenía un formato general de ritmo, también. Además, en mi cabeza flotaba una idea, que era una imagen. Y la imagen era que yo estaba dentro de un bosque y de noche. Así cabría cualquier posibilidad. En general no tengo mucho prejuicio con los géneros que vayan apareciendo. Y por el mismo motivo las canciones quedaron así. Un poco más pop al inicio (más sensual o sexual), mientras me iba metiendo a ese bosque. Después de eso se pone medio denso. La imagen es como que estoy en un pantano. Ahí llegué al medio del bosque. Y el último tema, con Fernando (Kabusacki), que es un tema muy diurno, está ahí puesto porque lo sentía como la salida, como que se iba haciendo de día. Ahí cierra la imagen conceptual. Para mí era importante que El Latido… se pudiera escuchar desde el primero al último tema, en orden. 

Este disco tiene un sonido muy profesional, muy de banda. Teniendo en cuenta esto, y en relación a las condiciones de sonido de la mayoría de los espacios en los que tocás, ¿te cuesta pasar del set con banda al de solista con guitarra y voz?

No. Para mí son cosas totalmente distintas. Yo sigo haciendo muchos shows en los que me subo a tocar sóla con la guitarra y mi voz. Tengo otro set que es a dos acústicas, que es un poquito más fino, digamos. Y también tengo el set con banda, que para mí era muy importante que apareciera en este disco. Presentamos en Casa Brandon, que es un lugar bien chico, pero llevamos equipos para poder tocar en formato eléctrico, llevamos operadores y armamos de una manera especial para que saliera lo más fiel al disco posible. No es algo que podamos hacer siempre, porque no hay muchos lugares para tocar en esas condiciones. Pero no, no me cuesta en absoluto pasar de uno a otro registro.


Casi todas las canciones del disco tienen invitados. ¿Es este momento de tu carrera en el que te sentís con una particular afinidad musical con tus pares? ¿O tiene más que ver con tu recorrido musical?

Es este particular momento. El último disco que saqué, anterior a El Latido... (el último en vivo: De melones, hermanos y carros) lo presentamos en el teatro IFT. Hicimos una movida muy grande, preparamos mucho el sonido, una buena iluminación, pero vino muy poca gente de afuera de mi entorno. A partir de ese día me di cuenta de que mis amigos son mi familia. Porque, además de nosotros, arriba del escenario había amigos ayudándome de onda por algo que para mí era muy importante. Era como que estábamos haciendo funcionar un engranaje. Desde ese día estoy más abierta. Bajé un poco con el ego y por eso en el disco me parecía bueno que participaran amigos y conocidos. Además, siempre te deja algo nuevo el hecho de que otros artistas pasen por tu disco. Se aportan así elementos que no te hubieras imaginado nunca en un tema. Eso fue lo que pasó con este disco y calculo que en el próximo va a pasar algo parecido.


Con la mayoría de los artistas invitados habían grabado o tocado juntos. Pero con Fernando Kabusacki, ¿habías hecho algo anteriormente?

No, con Fernando fue particular. Él muchas veces participa como invitado de una banda que se llama El Tronador, liderada por Marina Fages, que es su amiga, y quien hizo la tapa de mis dos últimos discos. Ella no canta ni toca en El Latido… pero su presencia es muy importante. Yo empecé a ser invitada por El Tronador y con Fernando tuvimos onda desde el principio. Él es una persona muy afectuosa, entonces decidí que era alguien que tenía que estar.

¿Cómo surge El Asunto? Una banda de cinco mujeres, inevitablemente va a expresar una mirada femenina del mundo, pero, ¿La tienen predeterminada? ¿Qué buscan transmitir?

La verdad que no. No lo tenemos pensado. Yo soy de las más feministas (se ríe), pero el resto vienen de otros palos. La idea fue de Laura (Ciuffo) de Hamacas al río. Ella quería hacer música con mujeres porque siempre tocó con varones. Así nos convocó y propuso el proyecto. Al principio pensamos en hacer un ciclo, pero hicimos el debut, un par de fechas, y se fue armando una banda. Hasta ahora no compusimos nada juntas pero estamos agrandando el repertorio con canciones propias de cada una. Hay ya una primera, que compuso una de las chicas, que no va a ir a parar a un disco suyo sino que es para sumar a nuestro repertorio.

Yo creo que cada una aporta su visión de lo femenino a la banda. Paula Meijide tiene un tema que habla de la menstruación, pero que no se nota porque habla de la luna y qué se yo... yo tengo otra que habla de eso pero que es más militante, mi cuerpo es mío y cosas así. La de Paula es más hippie quizá. Y otra de las chicas tiene una canción más de amor. O sea, se va construyendo una visión colectiva y plifacética de la femineidad. Como en la vida. También se da esto en los géneros y en el estilo. Por ejemplo, una de las chicas trajo mucho de folklore, que no forma parte de lo que yo hago. Y recién, mientras esperaba que me llamaras, estaba componiendo algo que empezaba a parecerse a una zamba. Hay como una complementariedad en varios aspectos.


¿Cómo están pensando el show de mañana con Mariana Päraguay en Wara Wara? ¿Van a tocar temas juntas o cada una armará su repertorio?

Con todas las ganas de que salga hermoso. A mí me encanta tocar con Mariana porque tiene una forma particular de arpegiar y un color más dulce de voz. Como ella llega un día antes de Mendoza, es posible que armemos algún tema juntas (aunque no demasiados por cuestiones de ensayo). El resto van a ser canciones de una y de otra. Lo que no definimos aun es si vamos a tocar por turno o en formato ping-pong. Yo voy a subir al escenario con guitarra y voz, que no es poca cosa.


Para escuchar a Srta Carolina http://srtacarolina.bandcamp.com